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La Coctelera

HAY ALGO EN LA MÚSICA QUE NOS PONE EN CONTACTO CON OTRAS DIMENSIONES

Estuve la otra noche en un lugar insuperable. No creo que es ese instante hubiera nada mejor en el mundo. Sí, lo afirmo rotundamente. Tuve el privilegio de asistir en la fila ocho del polideportivo de Mendizorroza a un concierto extraordinario. Si tengo algún lector asiduo, sabe bien que utilizo expresiones contenidas y que no suelo excederme cuando escribo, pero en este caso, el espectáculo que ofrecieron Paco de Lucía y Wynton Marsalis desborda toda contención. De Paco de Lucía poco más puedo decir de lo mucho que se ha dicho, excepto que una vez más demostró que sigue siendo un artista sublime. Poco puedo añadir sobre Wynton Marsalis, el carismático trompetista de Nueva Orleáns, hijo del celebre pianista y hermano de otros tres excelentes jazzmen, porque ya ha situado su trompeta entre las de otros elegidos de la historia del jazz, cerca de la de Louis Armstrong y junto a la de Duke Ellington. Dirige la Orquesta del Lincoln Center, que se ha convertido en la mejor big band del siglo XXI y tiene, además, una estatua de bronce en el parque de la Florida de Vitoria. Creo que ambos músicos tuvieron su primer encuentro en esta edición del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz y que apenas les dio tiempo a cruzar unos apuntes previos antes de subir al escenario. No exagero si digo que el guitarrista más grande y el mejor trompetista del mundo parecían conocerse de toda la vida, porque improvisaron juntos un concierto único y probablemente irrepetible. Pasé casi dos horas enfocando sus caras con el teleobjetivo de la cámara para no perderme cada uno de sus gestos: la sonrisa abierta y gozosa que ponía Paco de Lucía cuando escuchaba un acorde mágico de sus instrumentistas o la voz sublime de sus cantaoras.
Toda su gente arrancó efusivos aplausos a lo largo de la noche: el solo de percusión de Piraña con el cajón peruano, la guitarra de Niño Josele, Alain Pérez con el bajo y Antonio Serrano con el teclado y la armónica, y las voces profundas de La Tana y Montse Cortés. Cositas buenas. Habrá que sugerir al director del festival, Iñaki Añua, ya que ha superado retos insólitos en estas tres décadas, que frente al bronce de Marsalis se instale la figura de Paco de Lucía, para inmortalizar el encuentro entre dos grandes. Eso sí, que no pida permiso al artista de Algeciras, porque jamás le daría el visto bueno. Seguro que Paco de Lucía tiene cierta prevención ante la evidencia en bronce de su inmortalidad, pero a sus seguidores, cuando paseásemos por el parque, nos gustaría contemplar ese diálogo eterno entre la guitarra y la trompeta.
Los humanos somos melómanos por naturaleza. Hay algo ancestral en la música que nos pone en contacto con otras dimensiones. Dice Serrat que la gente ama la música como se ama a sí mismo, por eso todo el mundo elabora su propia banda sonora a lo largo de su vida. Pero, como me confirmó un día Antonio López, artistas de verdad hay muy pocos. Son los que emplean el lenguaje atávico más poderoso y nos elevan hasta el cielo, o son capaces, como Wynton Marsalis y Paco de Lucía la otra noche, de detener el mundo en sus manos. Por si hay suerte, y se repite, habrá que volver a Vitoria cada año, como unos van a purificarse a la Meca y otros a bañarse en la aguas del Ganges.

Nativel Preciado
Tiempo 91
17 de julio de 2006

Claudio Roditi en Jazz

El trompetista brasileño Claudio Roditi, catalogado como el mejor trompetista de jazz de origen latino.
Ha grabado 15 discos compactos como líder, y participó como artista invitado en producciones de paquito D?Rivera, Dizzy Gillespie, Nancy Wilson, McCoy Tyner, Horace Silver, Tito Puente y Mongo Santamaría, entre otros.